Pero si en su obra el colorido es un factor importante, no puedo dejar de lado la composición como factor preponderante y absoluto. Esta nace desde el centro, haciendo destacar rectángulos y cuadrados que son la columna de toda la obra. Alrededor de estos espacios se empiezan a pegar imágenes, personajes y escenas que van quedando adheridas a ese centro que es una suerte de muro que encierra lo más íntimo de la obra, es el hogar que cobija y abriga.
Alrededor de esta escena central, van apareciendo un sin número de elementos; una cocina a leña, ovejas, un gallo, un perro, autos, etc. Todos, parte de la realidad que son, al fin y al cabo, escenas anudadas al cotidiano vivir, todos ellos amarrados a una frontera entre lo verdadero y lo ficticio.
Una sutil ironía envuelve a cada cuadro. Esta ironía se hace evidente en las escenas y los personajes que van conversando con el espectador a medida que va leyendo su obra.
Son recuerdos de su misma realidad, de su mismo entorno el cual lo traduce y lo convierte a la vez, en un acto escénico y pictórico. Transforma su realidad y nos la ofrece en un collage atemporal en el cual mezcla su vida y la vida de nosotros como transeúntes de esos espacios cotidianos.
Sin duda alguna, la obra de Samuel Lizama es nuestra propia complicidad, complicidad de vivir un mundo y disfrutarlo.

Edwin Rojas
Artista Visual
Académico Facultad de Arte
Universidad de Playa Ancha de Valparaíso




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